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La protección de la salud infantil es una prioridad absoluta dentro de la cadena alimentaria. Por ello, la Unión Europea ha reforzado su marco legislativo para asegurar que el agua destinada al consumo humano y, especialmente, a usos críticos cumpla con los más altos estándares de seguridad.
La calidad del agua en alimentos infantiles es un tema delicado que va más allá del sabor: la seguridad de los más pequeños depende de ello.
Las empresas dedicadas al babyfood tendrán que adaptarse a estándares más estrictos para garantizar un agua más segura y limpia.
Estas nuevas regulaciones sobre calidad del agua ponen el foco en la reducción de contaminantes emergentes, el control de sustancias químicas persistentes y una vigilancia más exhaustiva de todo el ciclo del agua.
¿Qué establece la Directiva 2020/2184?
El agua limpia es un derecho fundamental reconocido por la Unión Europea. Con este objetivo, la Directiva 2020/2184 actualiza los criterios de calidad del agua potable para garantizar un acceso más seguro y fiable en todos los Estados miembros.
La normativa entró en vigor en enero de 2021 y refuerza las regulaciones sobre calidad del agua al introducir límites más estrictos para determinados contaminantes, como metales pesados (plomo y níquel) y otras sustancias potencialmente peligrosas para la salud.
Estas exigencias resultan especialmente relevantes para sectores sensibles como la alimentación infantil, donde las normativas del agua de babyfood requieren un control exhaustivo del agua utilizada en los procesos productivos.
En cuanto a su aplicación, la directiva establece plazos claros: los países de la UE deberán cumplir los nuevos estándares de control del agua potable a más tardar en 2026 y aplicar todas las medidas necesarias para alcanzar los objetivos definidos antes de 2029.
Esto obliga a la industria a anticiparse y adaptar sus sistemas de gestión del agua para asegurar el cumplimiento normativo y la protección del consumidor.
El impacto de las nuevas normativas del agua en la industria babyfood
Las nuevas exigencias europeas en materia de calidad del agua marcan un antes y un después para la industria de la alimentación infantil.
El babyfood es uno de los sectores más sensibles dentro de la cadena alimentaria, ya que sus productos están dirigidos a una población especialmente vulnerable.
Por ello, el cumplimiento de las normativas del agua en babyfood cobra una importancia estratégica con la aplicación de la Directiva 2020/2184 y el endurecimiento de las regulaciones sobre calidad del agua.
En la práctica, estas normativas implican un control mucho más riguroso del agua empleada en todas las fases del proceso productivo: desde su captación y tratamiento, hasta su uso como ingrediente o en operaciones de limpieza y esterilización.
Las empresas deberán asegurar que el agua cumple con límites más estrictos de contaminantes químicos y microbiológicos, reduciendo al mínimo cualquier riesgo para la salud infantil.
Para alcanzar estos estándares, muchas compañías del sector babyfood tendrán que revisar y optimizar sus sistemas de tratamiento, apostando por soluciones avanzadas que garanticen una calidad constante del agua.
En este sentido, la producción de agua desmineralizada se convierte en una herramienta clave para cumplir con las normativas del agua en el babyfood y asegurar procesos más seguros y controlados.
Además de la adaptación tecnológica, las regulaciones sobre calidad del agua exigen la implantación de sistemas de control y monitorización más avanzados, con análisis periódicos, registros documentados y trazabilidad completa.
Anticiparse a estos cambios permitirá a las empresas cumplir con los requisitos que serán plenamente exigibles a partir de 2026, reforzar la confianza del consumidor y consolidar su compromiso con la seguridad y la calidad en la alimentación infantil.
Nuevas normas de la UE sobre PFAS y el agua potable

Una de las novedades más relevantes de las regulaciones sobre calidad del agua que entran en vigor en 2026 es el control sistemático de las sustancias perfluoroalquílicas y polifluoroalquílicas (PFAS), conocidas como “químicos eternos”, debido a su persistencia en el medio ambiente y su potencial impacto sobre la salud.
Estas sustancias se han utilizado durante décadas en productos industriales y de consumo y su presencia en el agua potable ha sido motivo de creciente preocupación sanitaria y ambiental.
Con la implementación de estas normas de la UE, los Estados miembros deberán controlar de forma armonizada los niveles de PFAS en el agua potable y asegurar que no se superen los valores límite fijados por la legislación europea.
Este control incluye la obligación de informar a la Comisión Europea sobre los resultados del seguimiento, así como de adoptar medidas específicas si se detectan niveles por encima de los límites permitidos.
Es la primera vez que se aplica de forma coordinada en toda la UE la introducción de un control sistemático que fortalece la protección de la salud pública y responde a la necesidad de afrontar contaminantes que amenazan el agua potable en múltiples países.
En la industria del babyfood, donde el agua utilizada debe ser totalmente segura, este nuevo control europeo de los PFAS destaca la necesidad de contar con sistemas de tratamiento y vigilancia que detecten y eliminen estos compuestos, asegurando productos más seguros para los bebés, los consumidores más vulnerables.
Cómo SITRA puede ayudarte a cumplir con las nuevas regulaciones sobre calidad del agua
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